Varios micólogos impartieron sus conocimientos a los
visitantes
Natxo MATXIN | IRUÑEA
La muestra expuso una enorme variedad de setas, clasificadas
por familias y géneros, por un lado, y por ejemplares de
similares características, siendo en unos casos tóxicas
y en otros comestibles. Con ello, los organizadores trataban de
inculcar a los visitantes la forma de saber diferenciar entre
las variantes venenosas y aquellas que pueden formar parte de
nuestra mesa.
Este, que es uno de los objetivos de la exposición,
se llevó a cabo mediante un aprendizaje interactivo, ya
que durante toda la jornada hubo varios expertos a disposición
del público para solucionar las dudas que pudieran surgir.
Incluso hubo quien se acercó con cesta y bolsa en mano
después de haber recolectado durante toda la mañana
un buen puñado de setas para mostrarlas a los miembros
de Gorosti con el fin de obtener su aprobación.
Así, casi todas las preguntas giraban en torno a las
semejanzas entre especies populares como el robellón y
la denominada ilarraka con respecto a otras que están
catalogadas como tóxicas. Según el responsable de
la exposición y biólogo Javier Gómez, «el
buen micólogo es el que se lleva la seta a la nariz»,
ya que el olor es una de las características que permite
orientarnos sobre las cualidades de una especie, a diferencia
del aspecto físico, que no siempre indica peligro.
Entre las recomendaciones que aconseja este miembro de Gorosti
a quienes no sean habituales recolectores de setas está
la de ser muy prudentes con aquellas especies que no se conozcan,
desechándolas en caso de duda. Asimismo, Gómez considera
que sería de gran utilidad un servicio de consultoría
pública en el periodo de recolección de las setas,
«algo que ya se está gestionando con las administraciones»,
en el que se contara con un micólogo profesional, que incluso
pudiera hacer la función de apoyo a los centros médicos
en caso de intoxicaciones.
Según Javier Gómez, la explicación por
la que Nafarroa es una zona con un rico y variado elenco de especies
micológicas se debe a la gran extensión de área
boscosa que posee, lo que genera una gran producción de
setas, que lleva a su comercialización y a la creación
de espacios acotados, un fenómeno que «puede crear
efectos económicos negativos con el descenso de ingresos
vía turismo».